Sobre Nosotros
¡Hola! soy Andrés Cantone, viajero por elección.
Tengo 34 años, nací en Chaco, viví mis primeros años en Buenos Aires, pero terminé instalado en La Cumbre, en las sierras de Córdoba. Durante mi infancia, sentía vergüenza del auto que teníamos con mi familia. Era viejo, estaba todo roto y apenas podía llegar a donde necesitábamos ir. No me gustaba llegar al colegio porque todos los demás tenían un auto más nuevo y yo me sentía fuera de lugar. Solía decirle a mi mamá que lo cambiara, pero ella siempre me respondía con una sabia lección: prefería ahorrar el dinero para viajar y explorar el mundo. Para ella, los viajes son una forma de expandir la mente y transformar la perspectiva de uno. Son experiencias que perduran para siempre, a diferencia de un simple objeto material como un auto.
Mi historial de viajes empezó visitando Estados Unidos, donde tenía un tío viviendo. Estuve más de diez veces ese país, y, también con mi mamá, recorrimos algunos lugares de Centroamérica. Isla Margarita, República Dominicana, Cuba, me dejaron recuerdos durante mi niñez.
Cuando fui adolescente, ella me dio el mejor regalo podría darme: el pasaporte italiano. En ese momento, yo no entendía el valor de ese presente, pero con el tiempo me di cuenta de que era una llave que me abriría muchísimas puertas en mi vida.
Pasaron los años, mi trabajo de entonces como profesor de música se había vuelto monótono y sentí la necesidad de un cambio. Me pregunté a mí mismo, ¿por qué no viajar? ¿Por qué no explorar el mundo, conocer nuevas personas, aprender nuevos idiomas y ganar dinero en el proceso? Ese pensamiento me motivó enormemente, y comencé a investigar sobre viajes, la vida en diferentes destinos, cómo encontrar empleo y alojamiento, y cómo solicitar una visa. Así surgió la idea de aplicar para una Working Holiday Visa en Nueva Zelanda.
Cuando llegué a ese país, mi plan era quedarme por un año, pero todo fue cambiando sobre la marcha. Se extendió mi visa y junto a mi compañera de ese momento conseguimos un sponsor que nos ofreció un permiso para quedarnos por 5 años. En ese tiempo pasé por más de 30 o 40 trabajos diferentes, desde limpiar baños hasta repartir pochoclos en un espectáculo del Cirque du Soleil, pasando por servir cervezas en partidos de rugby de los All Blacks contra Los Pumas. También trabajé en el campo, tanto en irrigación como corriendo alpacas para que entren en su corral, intentando que no me escupieran, por 60 dólares la hora. Aprendí mucho de cada trabajo, incluso de los menos atractivos.
Y pude ahorrar. Después de estar cinco años en Nueva Zelanda, decidimos ir a Asia. Al estar cerca y ser barato, comenzamos a viajar por esa región durante 8 meses. Visitamos lugares como Singapur, Malasia, Tailandia, Myanmar, Vietnam, Laos, Camboya, China y Fiji.
Volvimos a Argentina, pero solo por unas vacaciones. La idea era reencontrarnos con el calor de nuestra gente y recargar energías para volver a Oceanía, esta vez a Australia. Bailando salsa y bachata, me crucé con Lauren, la persona que hoy es mi pareja y mamá de nuestro hijo. ¡Nunca hubiese imaginado terminar con una inglesa bailando bachata en Australia! De momento estamos en Argentina y vamos a esperar un tiempo, pero con muchas ansias de volver a conocer más.
Lo que aprendí a lo largo de mi vida de viajero es que las experiencias son más valiosas que las cosas materiales. Que el dinero se puede ganar y perder, pero las vivencias se quedan grabadas para siempre. Aprendí a valorar lo que realmente importa: la familia, los amigos, la salud y las aventuras que nos hacen sentir vivos. Cada viaje me ha enseñado algo nuevo y me ha hecho crecer como persona.
La vida es corta y el mundo es demasiado grande como para quedarnos en un solo lugar. Salí vos también a explorar, a descubrir y a aprender. Como dijo Mark Twain: “El mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen una página”.















